
El uso de calzado estrecho, de punta fina y tacón alto supone el factor más importante en la patología del pie ya que han multiplicado por diez las deformidades en los pies de las mujeres por eso los expertos recomiendan el uso de este calzado solo en momentos puntuales y no diariamente.
La utilización de este tipo de calzado en las mujeres desplaza el cuerpo en forma anormal hacia delante, obligando a los dedos y antepié a soportar todo el peso. Para regular este efecto, quienes frecuentan del taco alto, deben poner tensión en los músculos de la espalda, para equilibrar e inclinar el cuerpo hacia atrás y con ello caminar recto, ocasionando que el balance natural de la espalda se altere, provocando dolores y lesiones futuras.
Otro efecto nocivo está condicionado por la estrechez que tienen en sus puntas. Al existir un espacio tan reducido, los dedos de los pies se presionan, trayendo como consecuencias callos, irritación, malestar, lesiones en los tendones o dedos de martillo, además de los molestos juanetes.
Por eso es recomendable no usar tacones altos cuando vamos a estar de pie durante mucho tiempo, elegir un tacón no superior a los cinco centímetros de altura, usar un zapato que se adapte a nuestro pie sin oprimirlo.

